domingo, 27 de mayo de 2007

MODA, EL IMPERIO DEL POP

Las ansias de libertad de los jóvenes marcaron un nuevo rumbo donde el estilo de la calle triunfó.

Aquella revolución empezó en 1960 de la mano de los inquietos, contestatarios y zarrapastrosos jóvenes que los americanos llamaron beatniks, y se alargó unos diez años. El vestido era símbolo de muchas otras cosas: empezaba una nueva época de la mano de las más numerosa generación de jóvenes jamás conocida. Querían un mundo de libertad y sus ropas exhibieron esta bandera.

El 68 fue el año Twiggy. La frágil imagen de esta chica inglesa fue la cara femenina del swinging London, una ciudad y un tiempo mágicos en el que por primera vez reinaron los jóvenes. La época quedaba marcada por la sensibilidad de una masa de rebeldes antipuritanos, adoradores de rupturas artísticas, sociales y políticas y que conformó una verdadera revolución estética.

Una oleada de ideas novedosas rompía con todas las convenciones: 1968 sería la consagración de la estética juvenil: el pop.
Desde este momento nada sería como antes. El unisex aparecía para reforzar la idea de que el traje no hace al sexo; un grito de igualdad se oyó en todo el mundo. Su eco resuena aún, el mundo y la moda son hijos de todas aquellas excentricidades fantásticas.

lunes, 26 de marzo de 2007

MÚSICA

Superada la psicodelia, el rock plasma las turbulencias sociales.

Después del año de las flores, el año de los gases lacrimógenos. El rock, punta de lanza de la contracultura, durante 1968 es un fiel sismógrafo de la turbulencia generacional. En Revolution, John Lennon -que duda mucho y graba el tema con letras diferentes- polemiza con los nuevos radicales y apuesta por los cambio s pacíficos y graduales. Por su parte, Mick Jagger se interroga en Street fighting man sobre el papel del cantante del rock en épocas de turbulencia.
Los Beatles y los Stones superan el empacho psicoldélico de 1967 con trabajos más pegados a la tierra, el doble blanco y Beggars banquet. Ambos grupos han descubierto que no son inmunes a la curiosidad policial y han visto que los excesos del ácido se pagan: Pink Floyd se ve obligado a reemplazar a su máximo creador, Syd Barrett, convertido casi en un vegetal. Hasta la nomenclatura se hace más adusta: el nombre de Lez Zepelin hace referencia a un metafórico dirigible de plomo; el cuarteto, junto con Black Sabbath, otra criatura del 68, popularizará lo q luego se denominará heavy rock (rock pesado). Heavy es precisamente el nombre del primer grupo californiano Iron Butterfly, cuyo descerebrado e irresistible In-A-Gadda-Da-Vida es uno de los éxitos del underground; las emisoras más avanzadas presumen de programar un tema que dura ¡17 minutos! En las FM también se desgañita Janis Joplin al frente de Big Brother & The Holding Company, genuinos hippies de San Francisco.
Los excesos venden, pero el viento trae aromas rurales. Bob Dylan. que lleva cerca de dos años enclaustrado en el pueblecito de Woodstock, reaparece con John Wesley Harding, un disco austero con resonancias bíblicas. Un trabajo registrado en Nashville, meca del country, a cuyos servicios recurre igualmente un escritor canadiense llamado Leonerd Cohen, que ya ha colocado algunos temas suyos en discos de Judy Collins y que sueña con hacerse un hueco en el negocio musical. Por Nashville pasan también The Birds, que dan un viraje a su carrera con Sweetheart of the rodeo, preclaro intento de hermanamiento entre rock y country. Una fusión de sensibilidades que escandaliza -el country es banda sonora de la América profunda, derechista y religiosa- y que fracasa, se convertirá en sonido dominante de los primeros setenta. Un cambio hacia lo pesimista y lo campestre que será pilotado por Crosby, Stills, Nash & Young, banda que se forma en 1968 con músicos que abandonan grupos establecidos en busca de libertad. Es el signo de los tiempos.
(Diego A. Manrique)

martes, 13 de marzo de 2007

ARTE: CREACIÓN POR LAS CALLES

Uso revolucionario de la cuidad, neodadaísmo y pop.
La vanguardia sintió que lo era por última vez. Era el momento del posminimalismo y del amplio delta en el que desembocó el arte conceptual. Era imposible llevar más allá el horizonte de la significación artística ni tampoco poner más difícil su comercialización. De hecho, la vanguardia prescindía del objeto, con lo que no es que cualquier cosa pudiera ser arte, sino que éste se había hecho invisible, meramente intencional. Richard Serra ejecutó su obra Splashing, un reguero de plomo fundido proyectado sobre la intersección de la pared y el suelo, mientras Dan Flavin exponía en el museo Whitney, de Nueva York, sus instalaciones luminosas. Las etiquetas se sucedía: Arte de la Tierra, Arte del Cuerpo. Arte Procesual, Arte y Lenguaje. Andy Warhol, superviviente del atentado del que había sido objeto al dispararle una fanática, cerró su Factory y decidió convertirse en una autoexplotada mercancía artística.
La 4 Documenta de Kassel, entonces en su apogeo como última instancia de legitimación vanguardista, consagró ese año del 68 las corrientes neodadaístas y pop, incluyendo entre estas últimas las del entonces emergente hiperrealismo o fotorrealismo. Fue el momento en que se hablaba con acento progresista del "arte industrial" y del "arte cibernético". El izquierdismo radical de la agitación juvenil había logrado, por otra parte, quebrar la ortodoxia antivanguardista de los partidos organizados. Haciendo suya la consigna de los viejos surrealistas, la revolución exigía ahora cambiar la vida, ahora tratada como una obra de arte. El liderazgo de la llamada Internacional situacionista, sobre todo, entre jóvenes radicales del Mayo francés, fue indiscutible: partidarios del uso revolucionario de la cuidad, ganaron la calle con su concepción artística de la estrategia política.
Por: Francisco Calvo Serraller; Catedrático de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid).

DISEÑO