domingo, 27 de mayo de 2007

MODA, EL IMPERIO DEL POP

Las ansias de libertad de los jóvenes marcaron un nuevo rumbo donde el estilo de la calle triunfó.

Aquella revolución empezó en 1960 de la mano de los inquietos, contestatarios y zarrapastrosos jóvenes que los americanos llamaron beatniks, y se alargó unos diez años. El vestido era símbolo de muchas otras cosas: empezaba una nueva época de la mano de las más numerosa generación de jóvenes jamás conocida. Querían un mundo de libertad y sus ropas exhibieron esta bandera.

El 68 fue el año Twiggy. La frágil imagen de esta chica inglesa fue la cara femenina del swinging London, una ciudad y un tiempo mágicos en el que por primera vez reinaron los jóvenes. La época quedaba marcada por la sensibilidad de una masa de rebeldes antipuritanos, adoradores de rupturas artísticas, sociales y políticas y que conformó una verdadera revolución estética.

Una oleada de ideas novedosas rompía con todas las convenciones: 1968 sería la consagración de la estética juvenil: el pop.
Desde este momento nada sería como antes. El unisex aparecía para reforzar la idea de que el traje no hace al sexo; un grito de igualdad se oyó en todo el mundo. Su eco resuena aún, el mundo y la moda son hijos de todas aquellas excentricidades fantásticas.

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